La aerotermia es una alternativa a las calderas tradicionales que permite proporcionar calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria aprovechando la energía presente en el aire. Su principal ventaja es que puede suministrar más energía térmica de la que consume en forma de electricidad, lo que la convierte en una opción interesante para quienes buscan mejorar la eficiencia de su hogar.
Sin embargo, instalar aerotermia no garantiza por sí solo un ahorro en la factura. Para conseguir un buen rendimiento es necesario tener en cuenta las características del inmueble, el aislamiento, los radiadores existentes y la forma en la que se utiliza la calefacción. Una instalación correctamente dimensionada puede funcionar con un consumo moderado, mientras que una elección inadecuada del equipo o una mala regulación pueden aumentar considerablemente el gasto.
Qué es la aerotermia y cómo funciona
La aerotermia utiliza una bomba de calor para extraer energía térmica del aire y trasladarla al interior de un edificio. Aunque las temperaturas sean bajas, el ambiente sigue conteniendo energía que puede aprovecharse mediante un circuito frigorífico. La máquina emplea electricidad para realizar ese traslado, en lugar de producir todo el calor directamente como lo haría una resistencia convencional. Por eso es posible obtener varios kilovatios hora de calefacción por cada kilovatio hora consumido.
Para entender su funcionamiento hay que fijarse en el refrigerante que circula por el interior del equipo. Cuando llega al intercambiador de la unidad exterior, se encuentra a una temperatura inferior a la del aire, lo que le permite absorber energía y evaporarse. A continuación, pasa por un compresor que aumenta su presión y eleva su temperatura hasta alcanzar un nivel adecuado para transmitir calor a la instalación. Después, el refrigerante cede esa aportación térmica mediante otro intercambiador, vuelve al estado líquido y atraviesa una válvula de expansión que reduce su presión para repetir el ciclo. Todo este proceso se desarrolla continuamente mientras existe demanda de calefacción.
En las instalaciones domésticas se utilizan principalmente equipos monobloc y bibloc. Los primeros concentran el circuito frigorífico en una unidad compacta y trasladan el calor mediante conexiones hidráulicas. Los segundos distribuyen parte de sus componentes entre dos unidades conectadas por tuberías de refrigerante. Ninguna configuración es necesariamente mejor en todos los casos: la elección depende del espacio disponible, la distancia entre equipos, las características del edificio y las medidas de protección que requiera cada montaje.
Cómo se utiliza la aerotermia para calefacción, refrigeración y agua caliente
Una misma instalación puede cubrir diferentes usos, pero el rendimiento depende en gran medida de los elementos encargados de distribuir la calefacción por las habitaciones. El suelo radiante resulta especialmente adecuado porque utiliza una amplia superficie bajo el pavimento y puede funcionar con temperaturas de impulsión relativamente bajas, habitualmente alrededor de 30-40 °C según el diseño. Al no tener que elevar tanto la temperatura del refrigerante, la máquina puede trabajar de forma más eficiente y mantener el confort sin grandes variaciones.
Los radiadores tradicionales funcionan de otra manera. Muchos fueron diseñados para recibir agua a temperaturas superiores, especialmente en instalaciones antiguas con calderas de gas o gasóleo. Esto no significa que sean incompatibles con la aerotermia, pero sí que es necesario comprobar si su tamaño permite proporcionar suficiente calefacción a temperaturas inferiores. Un radiador que calentaba correctamente una habitación trabajando a 70 °C puede resultar insuficiente si comienza a recibir el fluido a 45 °C. En ese caso habrá que estudiar si conviene ampliarlo, sustituirlo o utilizar un equipo capaz de trabajar a mayor temperatura.
Durante el verano, los modelos reversibles permiten invertir el funcionamiento para extraer calor del interior y expulsarlo al ambiente. Esta función requiere emisores preparados para refrigerar, como los fancoils, que incorporan un ventilador para distribuir el aire frío. El suelo refrescante puede utilizarse cuando está diseñado para ello, aunque necesita controlar la humedad para evitar que aparezca condensación sobre el pavimento. Los radiadores convencionales no suelen ser adecuados para refrigeración, ya que no están preparados para evacuar el agua condensada ni para proporcionar una distribución eficaz del frío.
La producción de agua caliente sanitaria (ACS) se realiza normalmente mediante un depósito de acumulación, cuya capacidad debe ajustarse al número de usuarios y a sus hábitos. Una familia que concentra varias duchas en poco tiempo puede requerir una reserva mayor que otra con consumos repartidos durante el día. Algunos equipos incorporan resistencias auxiliares para situaciones concretas o ciclos de protección sanitaria, por lo que es importante que su funcionamiento esté correctamente configurado para evitar un gasto innecesario.
¿Se puede instalar aerotermia en cualquier vivienda?
La aerotermia puede adaptarse a numerosos inmuebles, pero no siempre basta con sustituir la antigua caldera por una máquina nueva. Antes de seleccionar el equipo es necesario realizar un cálculo de cargas térmicas, que determina la potencia requerida para mantener una temperatura confortable durante los días más fríos. Este estudio considera el aislamiento de paredes y cubiertas, las ventanas, la orientación, la superficie y la zona climática. Por ejemplo, dos casas de 120 m² pueden necesitar potencias muy diferentes si una cuenta con cerramientos bien aislados y la otra presenta pérdidas importantes por las ventanas o el tejado.
En las reformas, una de las comprobaciones más importantes es la compatibilidad de los radiadores existentes. No basta con saber cuántos hay, sino que debe calcularse cuánto calor pueden entregar a la temperatura prevista de funcionamiento y compararlo con las pérdidas de cada habitación. Si un dormitorio requiere 1.200 W para mantenerse confortable y su radiador únicamente proporciona 800 W trabajando a 45 °C, será necesario modificarlo. Esta comprobación permite saber si pueden conservarse los emisores, si conviene sustituir algunos o si resulta más apropiada una solución de alta temperatura, que normalmente tendrá un rendimiento inferior al trabajar con valores de impulsión superiores.
El dimensionamiento de la máquina merece la misma atención. Elegir una potencia insuficiente puede provocar que las resistencias auxiliares intervengan frecuentemente durante los episodios de frío intenso, aumentando el consumo. Por el contrario, instalar un equipo excesivamente grande puede generar arranques y paradas innecesarios cuando la demanda es reducida, especialmente si tiene una capacidad de modulación limitada. Una selección adecuada debe considerar las necesidades reales del edificio y el comportamiento previsto durante distintas épocas del año.
La ubicación de los componentes también condiciona el proyecto. La unidad situada al aire libre necesita suficiente ventilación, espacio para mantenimiento y un emplazamiento que reduzca las posibles molestias por ruido. En pisos pueden existir limitaciones relacionadas con fachadas, patios o elementos comunes, mientras que en viviendas unifamiliares suele haber más alternativas. Además, deben estudiarse las distancias entre equipos, el recorrido de las conexiones y el espacio necesario para el depósito de ACS.
Cuánto consume la aerotermia y qué influye en su rendimiento
El consumo de una bomba de calor depende principalmente de la demanda de calefacción del edificio y de la eficiencia con la que consigue cubrirla. Para medir este rendimiento se utiliza el COP (coeficiente de rendimiento), que relaciona la cantidad de energía térmica suministrada con la electricidad consumida en unas condiciones concretas. Por ejemplo, un COP de 4 significa que el equipo puede proporcionar 4 kWh de calefacción por cada 1 kWh eléctrico utilizado, aprovechando la aportación térmica del aire.
Este valor no permanece constante durante todo el año. Cuando desciende la temperatura ambiental o se requiere calentar el circuito hidráulico a valores elevados, la máquina debe realizar un esfuerzo mayor y su eficiencia disminuye. Para comparar el comportamiento de los equipos durante una temporada completa se utiliza el SCOP (coeficiente de rendimiento estacional), que contempla diferentes situaciones de funcionamiento mediante parámetros normalizados. El resultado real puede variar respecto a la cifra declarada por el fabricante, especialmente si las condiciones de uso no coinciden con las consideradas en los ensayos.
Imaginemos una vivienda que necesita 10.500 kWh térmicos durante el invierno. Si la instalación alcanza un rendimiento estacional efectivo de 3,5, utilizaría aproximadamente 3.000 kWh de electricidad para cubrir esa demanda, sin incluir posibles consumos auxiliares que queden fuera del indicador. Este ejemplo permite comprender por qué no es suficiente conocer la potencia de la máquina para calcular cuánto gastará: también es necesario estimar las horas de funcionamiento, las pérdidas del edificio y la eficiencia prevista.
La regulación puede mejorar notablemente el comportamiento del equipo. Mediante una curva climática es posible ajustar la temperatura de impulsión según el frío que haga fuera, evitando mantener siempre el valor máximo. Por ejemplo, una vivienda puede funcionar correctamente a 35 °C durante un día templado y requerir 45 °C cuando bajan mucho las temperaturas. El mantenimiento y la circulación adecuada del fluido son igualmente importantes, ya que filtros obstruidos, caudales insuficientes o una configuración incorrecta de los termostatos pueden provocar consumos superiores a los previstos.
Cómo afecta la aerotermia a la factura eléctrica
Cuando una vivienda sustituye su caldera de gas por aerotermia, una parte del gasto que antes correspondía al combustible pasa al suministro eléctrico. Por este motivo, la factura de luz puede aumentar aunque el coste total destinado a calefacción disminuya. Para conocer el ahorro hay que comparar cuánto cuesta obtener la misma cantidad de calor con ambos sistemas, teniendo en cuenta sus respectivos rendimientos y el precio de cada suministro.
Supongamos que una casa requiere 12.000 kWh térmicos durante el invierno. Una caldera de gas con un rendimiento estacional del 90 % necesitaría aproximadamente 13.333 kWh de combustible, mientras que una bomba de calor con un rendimiento estacional efectivo de 3,5 consumiría alrededor de 3.429 kWh de electricidad. Si el gas costara 0,09 €/kWh y la luz 0,18 €/kWh, el gasto variable sería de unos 1.200 € con la caldera frente a aproximadamente 617 € con aerotermia. Estas cantidades son orientativas y no incluyen términos fijos, impuestos, mantenimiento ni inversión inicial, factores necesarios para calcular la rentabilidad real.
Otro aspecto que conviene revisar antes de realizar el cambio es la potencia contratada. La nueva máquina puede funcionar al mismo tiempo que el horno, la placa de inducción o un cargador de vehículo, aumentando la demanda simultánea. Sin embargo, una bomba de 8 kW térmicos no necesita consumir necesariamente 8 kW de potencia eléctrica. Para determinar si conviene modificar el contrato deben comprobarse las características del modelo, la posible entrada de resistencias auxiliares y los hábitos de uso de los demás aparatos.
Los horarios de funcionamiento influyen en el coste cuando la tarifa establece precios diferentes según el periodo. Aunque puede interesar aprovechar las franjas más económicas, apagar completamente la calefacción durante muchas horas no siempre resulta conveniente, especialmente si después hay que recuperar rápidamente la temperatura interior. La combinación con placas solares puede reducir la electricidad adquirida de la red cuando la producción fotovoltaica coincide con el funcionamiento de la aerotermia, aunque debe considerarse que la generación suele ser menor durante los meses de invierno.
En SG Telco diseñamos y coordinamos proyectos de instalación de aerotermia para viviendas, comunidades y empresas. El estudio técnico permite seleccionar una solución adaptada al edificio, comprobar la compatibilidad de los emisores y determinar las modificaciones necesarias. Durante la puesta en marcha verificamos los caudales, las temperaturas de trabajo y la regulación para ajustar el funcionamiento a las características reales de cada inmueble.